lunes, 28 de mayo de 2012

Tiempos modernos


Hoy salí a caminar, algo que comúnmente no hago porque siempre viajo en coche y la verdad no salgo mucho ni realizo muchas actividades; pero bueno, hoy que salí a caminar vi a un niño de primaria caminando solo por la calle con un celular (sin audífonos) pegado a su oreja, escuchando música. En ese momento simplemente se me hizo curioso pero ahora que lo recuerdo me causa una sensación de rareza.
A partir de este evento se desembocaron en mí una serie de pensamientos que comienzan con una pregunta: ¿No se supone que somos seres sociales? No conozco las razones por las cuales ese niño iba solo por la calle (sin compañeros, sin un padre, sin una madre, sin un hermano… Nada, solo) pero sea cual fuere, el niño iba solo. Me perturba saber que existen cientos de niños como él alrededor del mundo; a grandes rasgos, sin alguien con quien platicar, jugar, convivir, etc.
Tal vez la razón por la cual me causa tantos pensamientos es (y me permito hacer catarsis) porque cuando yo fui niño mi vida era así; por una u otra razón pasé mi infancia en soledad, mis tardes las pasaba dormido para que cuando mi mamá (que sé que si lee esto llorará) llegara por las noches pudiera estar un rato con ella, además de que no tenía muchas actividades que realizar y que me mantuvieran despierto, aunado a esos problemas que quería evitar (supongo). Así ha transcurrido mi vida, de soledad en soledad, en ires y venires. En casi toda mi vida me he sentido solo aun estando en compañía, lo atribuía a las personas con las cuales estaba (que hicieron lo suyo) pero la razón principal soy yo, pero esos son otros asuntos que trataré algún día en terapia. En fin, después de esta breve explicación regreso al tema del niño.
Hasta cierto punto me rompe el corazón el pensar que el niño vive de la manera en la que me imagino, y no es únicamente él, sino todos esos niños que viven en soledad,  que como yo, no tuvieron con quien compartir todos esos asuntos (tal vez insignificantes para el mundo) importantes para ellos. Pienso en los padres de estos niños y me dan ganas de gritar “¿NO SE DAN CUENTA DE LO QUE ESTÁN HACIENDO?” Tal vez no lo hagan, quiero pensar eso, es mejor que pensar que sí se dan cuenta y que no les importa. ¿Quién está educando a esos niños? ¿Cómo podemos quejarnos de la situación del país, del mundo; cuando somos nosotros quienes estamos “criando, educando y cuidando” a estas personas que están hundiendo al país y al mundo?
No quiero convertir este escrito en una crítica (más) a la sociedad, sino un en un llamado a todos esos padres que se encuentran en la carrera materialista descuidando aquellos por los cuales la corren: sus hijos. No sé a cuántos de ustedes llegue esto, tal vez (y seguramente) a ninguno pero si lo hace, tómenlo en cuenta. Quieran a sus hijos, procúrenlos, no piensen que dándoles regalos sustituirán las pláticas, cariños y caricias necesarias para un desarrollo óptimo (social, emocional, cognitivo, personal, etc.), preocúpense por ellos, consiéntalos, háganles saber que son queridos y especiales… disfrútenlos y no hagan algo de lo que después puedan arrepentirse.
Vivimos en una época en al cual caminamos por el mundo apartados de los demás, alejados de las personas, socializamos a través de las redes sociales y hemos restado importancia al contacto físico, visual, al intercambio de palabras frente a frente. En mi vida diaria veo personas solitarias vagando en busca de un poco de compañía pero con temor y recelo de ser lastimado y de exponerse. Es una época en la que vivimos con miedo de nosotros mismos (“nosotros mismos” como individuos y especie). No sé a dónde vamos a llegar al paso al que vamos pero presiento que no muy lejos. Veo decadencia y penar en el futuro de la humanidad y tengo fe en que todavía existe una esperanza para todos nosotros, pero sinceramente con lo que vivo día a día creo que es un tanto imposible…
Espero y es eso, esperanza, que hayas llegado hasta este final, y sí lo hiciste, muchas gracias. Ojalá sirva de reflexión profunda y comiences a cambiar tus acciones y actitudes.
Tal vez no te conozca, tal vez sí, aun así te mando un abrazo muy fuerte y sincero.
PD: Tanto mi madre como mi padre fueron buenos y sé que hicieron lo que pudieron. Dieron lo mejor que tuvieron y los amo. Que este escrito no sea tomado como reproche, por ninguno de los dos.

1 comentario:

  1. Qué bonita entrada, pareciera le estás escribiendo al niño de tu pasado diciéndole que no está solo, porque tú siempre has estado con él. Abrazo de vuelta.

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