Hoy salí a caminar, algo que comúnmente no hago porque
siempre viajo en coche y la verdad no salgo mucho ni realizo muchas
actividades; pero bueno, hoy que salí a caminar vi a un niño de primaria
caminando solo por la calle con un celular (sin audífonos) pegado a su oreja,
escuchando música. En ese momento simplemente se me hizo curioso pero ahora que
lo recuerdo me causa una sensación de rareza.
A partir de este evento se desembocaron en mí una serie de
pensamientos que comienzan con una pregunta: ¿No se supone que somos seres
sociales? No conozco las razones por las cuales ese niño iba solo por la calle
(sin compañeros, sin un padre, sin una madre, sin un hermano… Nada, solo) pero
sea cual fuere, el niño iba solo. Me perturba saber que existen cientos de
niños como él alrededor del mundo; a grandes rasgos, sin alguien con quien
platicar, jugar, convivir, etc.
Tal vez la razón por la cual me causa tantos pensamientos es
(y me permito hacer catarsis) porque cuando yo fui niño mi vida era así; por
una u otra razón pasé mi infancia en soledad, mis tardes las pasaba dormido
para que cuando mi mamá (que sé que si lee esto llorará) llegara por las noches
pudiera estar un rato con ella, además de que no tenía muchas actividades que
realizar y que me mantuvieran despierto, aunado a esos problemas que quería
evitar (supongo). Así ha transcurrido mi vida, de soledad en soledad, en ires y
venires. En casi toda mi vida me he sentido solo aun estando en compañía, lo
atribuía a las personas con las cuales estaba (que hicieron lo suyo) pero la
razón principal soy yo, pero esos son otros asuntos que trataré algún día en
terapia. En fin, después de esta breve explicación regreso al tema del niño.
Hasta cierto punto me rompe el corazón el pensar que el niño
vive de la manera en la que me imagino, y no es únicamente él, sino todos esos
niños que viven en soledad, que como yo,
no tuvieron con quien compartir todos esos asuntos (tal vez insignificantes
para el mundo) importantes para ellos. Pienso en los padres de estos niños y me
dan ganas de gritar “¿NO SE DAN CUENTA DE LO QUE ESTÁN HACIENDO?” Tal vez no lo
hagan, quiero pensar eso, es mejor que pensar que sí se dan cuenta y que no les
importa. ¿Quién está educando a esos niños? ¿Cómo podemos quejarnos de la
situación del país, del mundo; cuando somos nosotros quienes estamos “criando,
educando y cuidando” a estas personas que están hundiendo al país y al mundo?
No quiero convertir este escrito en una crítica (más) a la
sociedad, sino un en un llamado a todos esos padres que se encuentran en la
carrera materialista descuidando aquellos por los cuales la corren: sus hijos.
No sé a cuántos de ustedes llegue esto, tal vez (y seguramente) a ninguno pero
si lo hace, tómenlo en cuenta. Quieran a sus hijos, procúrenlos, no piensen que
dándoles regalos sustituirán las pláticas, cariños y caricias necesarias para
un desarrollo óptimo (social, emocional, cognitivo, personal, etc.), preocúpense
por ellos, consiéntalos, háganles saber que son queridos y especiales…
disfrútenlos y no hagan algo de lo que después puedan arrepentirse.
Vivimos en una época en al cual caminamos por el mundo
apartados de los demás, alejados de las personas, socializamos a través de las
redes sociales y hemos restado importancia al contacto físico, visual, al
intercambio de palabras frente a frente. En mi vida diaria veo personas
solitarias vagando en busca de un poco de compañía pero con temor y recelo de
ser lastimado y de exponerse. Es una época en la que vivimos con miedo de nosotros
mismos (“nosotros mismos” como individuos y especie). No sé a dónde vamos a
llegar al paso al que vamos pero presiento que no muy lejos. Veo decadencia y
penar en el futuro de la humanidad y tengo fe en que todavía existe una
esperanza para todos nosotros, pero sinceramente con lo que vivo día a día creo
que es un tanto imposible…
Espero y es eso, esperanza, que hayas llegado hasta este
final, y sí lo hiciste, muchas gracias. Ojalá sirva de reflexión profunda y comiences
a cambiar tus acciones y actitudes.
Tal vez no te conozca, tal vez sí, aun así te mando un
abrazo muy fuerte y sincero.
PD: Tanto mi madre como mi padre fueron buenos y sé que
hicieron lo que pudieron. Dieron lo mejor que tuvieron y los amo. Que este
escrito no sea tomado como reproche, por ninguno de los dos.